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¿Cuál es el mejor hábito para incrementar la productividad académica?



Fuente: Matt D’Avella

Redactado por: Mathias Minchan

Editado por: Flavia Palomino

Publicado por: Scarlett Terry


Actualmente, la rigurosidad académica es cada vez más fuerte. Las universidades aumentan su nivel de exigencia debido a los requerimientos del mercado laboral. Así, los alumnos tienen que adaptarse y buscar maneras de darse abasto con las exigencias académicas, a la par de mantener competitividad. El problema es que el sistema académico actual, por sí solo, no enseña cómo ser más productivo, solo aumenta su rigurosidad y lanza a los estudiantes al vacío. Es decir, los coloca en una guerra y no les da un arma (mucho menos les enseña cómo usarla). Por ello, en este artículo, se presentará una solución para enfrentarse a la rigurosidad académica, a través de un arma letal: el hábito.


Fuente: Freepik


Un hábito, en términos simples, es una actividad que se repite con frecuencia y no genera resistencia en quien la realiza. Al ser una actividad repetitiva, no causa mayor complicación, debido a que genera una costumbre. Sin embargo, mantiene sus beneficios, sea fácil o difícil de realizar. Estos beneficios son variados, entre ellos, se tiene el alcanzar una mayor productividad académica, que es lo que se busca en este caso.

Ahora bien, ¿cuál es ese hábito mágico que más beneficios académicos le traería al alumno? ¿Qué actividad debe realizar con mayor frecuencia para ser más productivo? y ¿Por qué? Estas preguntas se abordarán en las siguientes líneas, las cuales mencionan diferentes hábitos y sus beneficios en la productividad académica.


Alimentación Saludable

Fuente: Matt D’Avella


La buena alimentación es fundamental en la vida universitaria. La ingesta de alimentos nutritivos afecta positivamente los niveles de energía, el estado de ánimo, la memoria, el bienestar emocional y mental, la resistencia física y la claridad mental (Ross, 2010). Todos estos factores afectan positivamente el comportamiento, la salud y las habilidades de pensamiento de los estudiantes, lo que aumenta su productividad académica (Stuber, 2014). Además de estos beneficios, ingerir alimentos balanceados se relaciona con la prevención de ansiedad y depresión (Roca, 2018), lo que permite una productividad más constante.


Desgraciadamente, los jóvenes universitarios, a pesar de tener conocimiento acerca de los beneficios de una buena alimentación, tienen prácticas poco o nada saludables (Sánchez-Ojeda & Luna-Bertos, 2015). Los malos hábitos alimenticios que más se manifiestan en ellos son: bajo consumo de calcio, bajo consumo de frutas y verduras, consumo frecuente de refrigerios con alta densidad energética, elevado consumo de bebidas azucaradas, carbonatadas o alcohólicas, entre otros (Oliva y Fragoso, 2015).

Estas carencias nutritivas, aparte de generar tensión, síntomas de ansiedad y depresión, y estrés físico y mental en los alumnos (Roca, 2018), disminuyen las capacidades psíquicas, físicas, morales e intelectuales de estos (Ferrer, 2006). Además, varios estudios también afirman que las dietas altas en grasas trans y saturadas afectan negativamente el aprendizaje y la memoria del estudiante (Gómez-Pinilla, 2008).


Ejercicio Físico

Fuente: Matt D’Avella


El ejercicio físico es clave para la productividad académica. Keating et al. (2013) realizaron un estudio con una muestra de 1125 estudiantes universitarios para comprobar si existe o no una relación positiva entre el ejercicio y el rendimiento académico. Los resultados del experimento de campo demostraron que sí existe una relación positiva entre el ejercicio físico, más precisamente de fuerza, y la productividad académica de los estudiantes. Esto se concluyó al demostrar que los estudiantes físicamente activos presentaban un mejor promedio de calificaciones.


Así, los jóvenes que realizan ejercicio constantemente gozan de un mejor funcionamiento del cerebro. En términos específicos, genera niveles más altos de concentración de energía, reduce la degeneración neuronal y mejora los procesos cerebrales y las funciones cognitivas (Ramírez et al., 2004), tales como la atención, la memoria y las funciones ejecutivas (Maureira, 2018).


Además, el ejercicio es una pieza clave en el tratamiento de la salud mental, lo que contribuye a una mejor vida universitaria. Según Cristina Roca (2018), el ejercicio ayuda a reducir los niveles de ansiedad y depresión, e incluso puede mejorar el estado de ánimo. Un estudio demostró que los estudiantes que hacen ejercicio muestran menores niveles de ansiedad y depresión que aquellos que llevan una vida sedentaria (Roca, 2018).


Sueño Adecuado

Fuente: Aphiwat G


El sueño es importante para ser productivo. Un correcto sueño favorece la consolidación de la memoria, facilita la adquisición de nueva información y mejora las habilidades motoras y la habilidad para recordar el lenguaje hablado (Aguilar et al., 2017). Además, se afirma que “los periodos de sueño juegan un papel fundamental en eliminar el ruido (o información innecesaria) y así poder confrontar la información nueva con aquella previamente establecida en nuestro cerebro” (Acosta, 2019, p. 30). Es por eso que, mientras dormimos, nuestro cerebro está ocupado procesando información obtenida en el transcurso del día. En este sentido, la información será mejor retenida y procesada después de una correcta noche de sueño (Acosta, 2019).


Desgraciadamente, García y Navarro (2017) afirman que los trastornos del sueño son un problema muy presente en los universitarios, ya que llegan a afectar hasta a un 70% de ellos. Los estudiantes, a pesar de saber los beneficios de los buenos hábitos de sueño, no los ponen en práctica. Además, muchos no saben que actividades como tomar una siesta muy larga durante el día, hacer ejercicio próximo a dormir, usar medicación para dormir o, incluso, realizar otras actividades en la cama aparte de dormir (como comer o estudiar) son perjudiciales para el sueño (García & Navarro, 2017).


Este desconocimiento y falta de buenos hábitos de sueño tiene efectos perjudiciales en la productividad universitaria. Varios autores están de acuerdo con esto y afirman que la mala calidad de sueño genera fatiga, disminución de las capacidades cognitivas y motoras (Moreno, 2012), baja retención (Aguilar et al., 2017) y, por lo tanto, descenso en el rendimiento laboral y académico (García y Navarro, 2017).


Active Recall

Fuente: Judi Chandra


Está demostrado que el método de estudio más productivo es “Active Recall” (Hartwig y Dynlosky, 2012; Karpicke y Blunt, 2011). Este consiste en hacerse preguntas o auto evaluarse durante y después del estudio. Diferentes estudios que se mencionan más adelante sugieren que la autoevaluación tiene beneficios en diferentes tipos de pruebas y habilidades del estudiante, ya que mejora su rendimiento en exámenes de recuperación, opción múltiple y comprensión (Hartwig & Dunlosky, 2012).


Por un lado, Hartwig y Dunlosky (2012) realizaron un estudio en el que entrevistaron a 324 estudiantes universitarios acerca de sus hábitos de estudio y sus promedios de notas (GPA). Entre los hábitos más populares se encontraron el resaltado (72%), la autoevaluación con preguntas o problemas de práctica (71%), el recopilar mucha información la noche anterior (66%), releer (66%) y usar flashcards (62%). La evidencia mostró que muchos de los estudiantes más exitosos (GPA > 3.6) utilizaban el método de Active Recall.


Por otro lado, Karpicke y Blunt (2011) realizaron un estudio experimental y obtuvieron conclusiones relacionadas. Para este estudio, se crearon cuatro grupos de universitarios. Cada uno de ellos tuvo la tarea de aprender acerca del mismo tema, pero con métodos de estudio diferentes (leer, releer, hacer un mapa semántico o aplicar Active Recall). El resultado mostró que el grupo que utilizó Active Recall (leer el tema una vez, autoevaluarse, leerlo otra vez y autoevaluarse de nuevo), superó significativamente a los grupos que usaron otros métodos, en un mismo examen realizado por todos.


En el transcurso del artículo se fueron mencionando los beneficios de productividad que ofrece cada uno de los hábitos antes mencionados. Ahora bien, ¿realmente se puede elegir a uno como el mejor de todos? Pues no, ya que estos hábitos se complementan entre sí.


El estudiante puede tener una buena alimentación, pero si no tiene buenos hábitos de sueño, los beneficios alimenticios se verán mermados por un cansancio notorio. Por otro lado, si duerme ocho o nueve horas al día, pero lleva una vida sedentaria y se alimenta mal, esas horas de sueño no serán de calidad. Finalmente, aunque duerma bien, se alimente correctamente y haga ejercicio, los beneficios de estos hábitos no serán maximizados si no los complementa con un buen método de estudio.


En conclusión, la productividad académica es multicausal, es decir, es la suma de diferentes hábitos o factores presentes en la vida de la persona que aprende (Garbanzo, 2007). Por ello, la productividad estudiantil no se puede generar netamente o en mayor medida por un hábito en específico. Esta es influenciada por varios hábitos en la vida diaria. Ya sea hacer ejercicio, alimentarse saludablemente, dormir bien o tener un correcto método de estudio, todos estos hábitos benefician al estudiante de maneras diferentes y aportan a su productividad. Por lo tanto, no es un hábito en específico el que hace más productivo a un estudiante, sino un conjunto de estos, un nuevo estilo de vida.

Fuente: Pinterest



Bibliografía


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