• Bruno Herrera Criollo

Enfermar sin defensas ¿Por qué el Covid-19 asoló al mundo (y sobre todo al Perú)?

Actualizado: 13 dic 2021

Cuando la vida regrese, [¿]le pediremos menos cosas[?]

-Manuel Vilas




Redactado por: Bruno Herrera

Editado por: Valeria García


China, 2019. En las húmedas callejuelas del mercado de Wuhan, algunos transeúntes se acercan a la barra de un restaurante exótico. Entre los comensales, quizá, se halla un individuo que, vacilante, examina la carta mientras cepilla el espacio entre sus dientes con la uña del dedo meñique. Al fin se decide: murciélago. El platillo no tarda en llegar acompañado por una conveniente guarnición, aunque con una cocción algo dudosa. Luego de mirarlo dos veces, procede a satisfacer su apetito y tal vez allí ingresa a su organismo un virus como tantos miles a los que diariamente nuestro sistema inmunológico repele sin mayor esfuerzo. No sería el caso del SARS-CoV-2. Luego de algunas semanas y millones de contactos, probablemente, este individuo yace muerto en una morgue de la misma ciudad. Algunos de los contagiados no logran acceder a una consulta debido al colapso del hospital local y viajan a otras ciudades. En una de estas un vuelo sale con destino a Italia y el resto es historia.


La pandemia anterior

No sería la primera pandemia en la historia de la humanidad, pero sería la primera para la cual tendríamos, al menos, la capacidad de producir recursos para contrarrestarla. Desde la perspectiva tecnófila de Harari, nunca había estado la humanidad tan preparada para librar la guerra contra un patógeno como hoy (2021). No obstante, por lo visto y vivido en los últimos meses, cabe preguntarse ¿por qué tanta muerte? Muchas son las explicaciones que se han planteado, la mayoría ni siquiera desde el campo de la virología.


Pankaj Mishra, por ejemplo, recuerda que ciertos paradigmas sobre la conducción del Estado pudieron pavimentar el camino para el fracaso en cualquier tipo de emergencia que requiriese una intervención estatal contundente. La pandemia, desde este punto de vista, fue tan solo la trágica casualidad que expuso las contradicciones y limitaciones de un modelo que no habían sido desnudadas todavía (Mishra, 2020). De forma similar, David Wallace-Wells, describe la respuesta de Occidente (a su juicio, Estados Unidos y su órbita) como una “caricatura del neoliberalismo”, indispuesta a interrumpir el pulso del lucro y la productividad, al mismo tiempo que ávida para monetizar la tragedia (2021). Ambos comentarios aciertan en identificar a la inacción estatal y la ideologización de su respuesta a la pandemia como importantes coadyuvantes a la derrota que sufrieron por causa del virus, en especial, durante la segunda ola. Sin embargo, los dos autores coinciden en una conclusión más enriquecedora, a pesar de ofrecer reflexiones de distinta complejidad: el reconocimiento de que estos errores de liderazgo no se tratan sencillamente de vicios del estilo de gobierno, sino de una estructura que viene desarrollándose con mayor anticipación.


Aupado por el agotamiento de ciertos recursos del keynesianismo, el surgimiento de un movimiento ideológico que propugnaba la consigna de liberar las fuerzas del mercado pronto degeneró en acciones políticas para desmantelar indiscriminadamente al Estado. Adoptado por la esfera anglosajona, se exportó al mundo como método de estabilización económica y modelo de crecimiento. En cualquier caso, no se advirtieron las implicancias de un Estado débil, ni siquiera las que involucraran la supervivencia del paradigma per sé. Con esta consideración en mente, es posible entender mejor un outlier tan intrigante como cercano.


Perder de local/Perder por local

A diferencia de la errática estrategia de Trump y las carencias de gestión de Jonhson, el Perú de Vizcarra (si iniciamos por el análisis de los liderazgos) fue uno de los países con la respuesta más tajante, cuando no hiperbólica. Horas después de conocerse el primer caso de la enfermedad en suelo nacional, se declaró el estado de emergencia y días más tarde, cuando el número de casos no superaba la centena, se decretó la cuarentena total. Por un lado, nadie podía acusar al Gobierno por inactivo o templado, ya que, al menos con las grandes medidas, no tuvo miramientos. De hecho, no fueron pocas las veces en las que durante sus dilatados discursos nuestro entonces presidente aducía seguir al pie de la letra las instrucciones de la OMS; con todo, los modelos que en ese entonces se consideraban canónicos hoy se revisan con cierta ambigüedad. La conclusión que Francois Balloux extrae al respecto es que no existía tal cosa como un curso de acción que pudiera aplicarse de manera universal (Wallace-Wells, 2021).


Por otro lado, el Gobierno descuidó políticas más discretas, aunque no menos importantes como el rastreo de contactos y el abastecimiento de pruebas durante la pandemia. Así concluyen su indagación sobre políticas para combatir la pandemia Miguel Jaramillo y Kristian López (2021). Para los autores, el magro énfasis del Gobierno sobre los ejes previamente mencionados imposibilitó que las medidas de confinamiento tuvieran una eficiencia significativa si es que -por efectos la elevada informalidad del país- no fueron contraproducentes. Jaramillo y López añaden un tercer eje: la falta de una estrategia cooperativa con actores del sector privado y la sociedad civil. Se trata de una dimensión que, en cierto modo, desarticula el discurso de “preparación” que las autoridades solían repetir al ser inquiridos por las cada vez más críticas circunstancias. Esto porque el Perú no se encontraba en absoluto preparado para enfrentar la amenaza del virus y las fallas de coordinación que existieron durante la crisis fueron la secuencia lógica de todo lo no-hecho antes de la pandemia.

Así, el virus arribó a uno de los países con uno de los menores porcentajes del PBI asignados al gasto público en salud de la región.

Los efectos de esta constricción presupuestaria se manifestaban en abundantes carencias logísticas, como por ejemplo las camas UCI (133 a nivel nacional al iniciar la pandemia), las cuales fueron tantas veces la diferencia literal entre la vida y la muerte. Aún cuando durante la pandemia, las compras del Estado fueron capaces de reducir la brecha a una cifra menos escandalosa, el Perú todavía sigue por debajo de Chile, Argentina y Colombia en términos de la tasa de camas UCI por cada 100,000 habitantes (Ponce, 2021). Por supuesto, el incremento de este tipo de instrumentos conllevó a una mayor demanda de personal médico el cual, desde luego, ya era escaso desde antes de la emergencia sanitaria. Si bien nuevas camas UCI fueron adquiridas y el personal básico para operarlas fue enviado a algunas localidades donde se los requería, fueron acciones sobre la marcha que pudieron salvar miles de vidas de ejecutarse a su debido tiempo. En esta línea y en base a los datos, se encuentra el comentario de Ponce.


Ante la urgencia de una reforma del fragmentado sistema de salud peruano, no se presentó el compromiso político necesario para establecer criterios tan fundamentales como la fuente de financiación que garantizaría los efectos prácticos del aseguramiento universal (Ponce, 2021). En otras palabras, los representantes nacionales en el Congreso y los responsables a cargo del Ejecutivo, quizá obnubilados por los dígitos del PBI de entonces, pospusieron o simplemente desestimaron un debate que obligaría al MINSA a “arreglárselas como pueda”. Sin duda, esta actitud coincide con la idea del “piloto automático” que Alberto Vergara describe como la paralítica inercia de un Estado que no produce innovación institucional ni combate la corrupción, pero espera parsimoniosamente el siguiente reporte del crecimiento económico (Vergara, 2020).


En busca de la confianza perdida

Lo cierto es que el piloto automático resultó jugar en contra del interés de todos los peruanos, pero más en contra de aquellos en situación de vulnerabilidad económica. Así lo apuntan Gianella, Gideon y Romero, quienes consideran que es importante observar las desigualdades existentes en el sistema de salud peruano como factores determinantes de su deficiente desempeño (2021). Sin duda, las fallas y carencias de infraestructura en atención primaria ya mencionadas por Ponce eran el pan de cada día en el Perú rural prepandemia, pero lo siguen siendo en la medida en la que la distribución de la indumentaria médica y el personal correspondiente manifiesta inoportunas diferencias entre provincias (alarman los casos de Ayacucho, Loreto y Puno, por solo mencionar algunos). Se vuelve una variable más compleja si se la asocia con la principal razón por la que los peruanos declaran no acudir a un centro de salud: prefieren remedios caseros o automedicarse (Ponce, 2021).


No se trata solamente de la falta de acceso práctico a la salud que muchos peruanos nominalmente asegurados padecen. Se trata también, a mi parecer, de un aumento de la desconfianza para con el soporte estatal en general. Manifiesta la realidad de una clase política displicente y enfrascada en discusiones bizantinas; abandonado el sistema de salud a su fragmentada suerte y el vuelo rapaz de la corrupción, muchos peruanos tenderían a poner su salud en manos de un no tan informado criterio o, peor, la virulenta desinformación. El Estado peruano (epónimo de los fracasados en pandemia) debe reconocer que el sistema de salud, como avanzada de las demás instituciones, es un elemento impostergable del bienestar nacional. Dejarlo desprovisto a la espera de parches providenciales amenaza la integridad de la población y la confianza que pueda otorgarle la misma. Errare humanum est, sed perseverare diabolicum.



Bibliografía


Gianella, C., Gideon, J., & Romero, M. J. (2021). What does COVID-19 tell us about the Peruvian health system?. Canadian Journal of Development Studies/Revue canadienne d'études du développement, 42(1-2), 55-67.


Harari, Y. N. (2021). Lessons from a year of Covid. Financial Times, 26, 2021.


Jaramillo, M., & López, K. (2021). Políticas para combatir la pandemia de COVID-19 (No. dt112). Grupo de Análisis para el Desarrollo (GRADE).


Mishra, P. (2020). Flailing states. London Review of Books, 42(14), 9-14.


Vergara, A. (2020). La crisis del COVID-19 como Aleph peruano. Centro de Investigación de la Universidad del Pacífico. Recuperado de https://ciup. up. edu. pe/analisis/la-crisis-covid-19-como-alephperuano.


Wallace-Wells, D. (2020). How the West Lost COVID. New York Magazine.

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