• Fabrizio Solf Rivas

La desigualdad es un problema serio, a veces


Redactor: Fabrizio Solf

Editor: Giuliana Piedra


La cuestión acerca de la desigualdad es una que se ha materializado en varios espacios en los últimos años, desde la serie The squid game o películas como Parasite, hasta protestas y el surgimiento de movimientos políticos que prometen cambios extremos. Esta tendencia obliga a que cada uno se replantee la importancia del fenómeno de la desigualdad y las formas en que nos afecta. A la vez, es necesario reflexionar acerca de su relación con la justicia; si la desigualdad es injusta, y si lo es, es por sí misma o por las consecuencias que genera. A partir de esto, se debe replantear lo que se puede hacer desde el punto de la política pública.


Como se puede ver, es un tópico que tiene distintas ramificaciones, pero todas estas conexiones que tiene lo hacen a la vez un tema que es sencillamente distorsionado para distintos fines (principalmente políticos). Como alguna vez mencionó Robert Lucas (2004), el tema de la distribución es de los más seductores, pero también peligroso. Entonces queda la pregunta: ¿cuándo debe importarnos el tema de la desigualdad?


Una primera vía para discutir la importancia de la desigualdad es su efecto en el crecimiento económico. Este tópico es uno de los más controversiales porque hasta cierto punto puede ir en contra de uno de los principios más conocidos de la economía: los individuos responden a incentivos. Es decir, es la misma innovación lo que genera desigualdad, pero que a la vez promueve un mayor bienestar en toda la sociedad. Con respecto al punto anterior, se presenta una problemática para identificar si existe una causalidad. Además, a pesar de todas las brechas existentes, nadie puede negar que en los últimos 100 años la calidad de vida de todas las personas tuvo un enorme incremento.


Sin embargo, la desigualdad en la asignación inicial de riqueza puede generar distintos resultados. De acuerdo con Galor y Zeira (1993), la distribución inicial de riqueza puede afectar el crecimiento debido a ciertas restricciones que se imponen a canales para que los ciudadanos puedan adquirir capital humano y poder competir. Ante la falta de sistemas públicos, las limitaciones y brechas en el acceso a educación superior dependen más de factores que no podemos controlar, como la familia en la que nacemos, que nuestros propios méritos.


Una manera de pensar en la importancia de este hecho es relacionarlo con uno de los principales problemas de la economía peruana: la informalidad. Entre los distintos factores que explican este fenómeno, está el de una mano de obra poco productiva que no puede acceder a mejores trabajos a causa de la poca preparación. Otra forma en que la desigualdad afectará el desarrolló es mediante las pensiones. De acuerdo con la data de la ENAHO del 2019 (pre pandemia), las personas de menores ingresos son a la vez las que tienen una menor tasa de afiliación. Es decir, para muchos trabajadores, el retiro no será el fin de la vida laboral debido a su condición económica. (INEI, 2019). Entre los principales factores que explican lo anterior está el hecho de que los ingresos no permiten a una familia pensar más que en el día a día. Esto, a largo plazo, puede convertirse en una peligrosa carga fiscal para el estado conforme cambian los grupos demográficos.


Una segunda vía para entender la importancia del tema de la desigualdad es su relación con la política e instituciones. Esta debe ser la respuesta que menos sorpresa puede darnos; después de todo, en Latinoamérica misma hay una ola de movimientos políticos que aprovechan la desigualdad en favor de sus propuestas populistas. Esto promueve gobiernos que solo consideran que una redistribución total es la solución a la desigualdad, sin darle mayor importancia a otros factores de desarrollo que son fundamentales para el progreso de un país (The Economist, 2019).


Pero este no es el único canal por el cual la desigualdad y la política pueden afectar negativamente el bienestar social; en especial en un país como el Perú, que cuenta con diferentes brechas sociales e instituciones débiles. Esto pasa porque el desagrado social incapacita a los actores de política a crear las reformas necesarias; se priorizan resultados cortoplacistas. Y el punto más importante es que, dado que el Perú es un país con debilidad institucional, incluso tener buenos planes de acción no dan seguridad de éxito.


Como menciona Dargent (2021), lo necesario en estos casos es ejecutar estas reformas a sabiendas de que el camino será complicado. Los errores son de esperarse, pero para fomentar el desarrollo es necesario que se aprenda de estos. Lamentablemente, esto no sucede comúnmente en Latinoamérica, donde lo que podríamos calificar como reformas necesarias no son continuadas. Y dentro de estos motivos está el descontento de una población que empieza a sentir cada vez más que el sistema tiene sus preferidos. Se puede decir que caemos en la trampa del estancamiento. Aunque el problema también puede venir del otro lado, en un escenario de instituciones débiles en países con debilidad institucional y alta desigualdad, no hay incentivos para que las élites apoyen reformas cuando el objetivo de los cambios es alterar las reglas del juego que los benefició (Stiglitz, 2016).


Pero existe un punto de límite que se debe marcar con respecto a lo que se debe hacer con la desigualdad. La ambigüedad con respecto al origen del problema hace que sea sencillo pensar que la única solución es la redistribución, principalmente con los impuestos. Por un lado, en el debate político, aquellas organizaciones que critican más la desigualdad lo hacen solo desde el aspecto ex post; en otras palabras, consideran que la solución es una redistribución. Al hacer esto, descartan otras variables que son determinantes del desarrollo de los países y posibles factores estructurales. Es decir, se deja de lado el debate acerca de las consecuencias negativas de cierto nivel de desigualdad (algo que ya es polémico), hacia atacar la desigualdad por sí misma.


Debido a esto, debe replantearse la relación entre desigualdad, la justicia y la economía. Un país bueno es aquel que, de acuerdo con Adam Smith, genera bienestar a toda su sociedad, y donde el estado genera las reglas de juego que permiten que el actuar de los empresarios vaya en relación con el bien común (Alarco & del Hierro, 2020). Una forma de hacerlo es trabajar por la igualdad de oportunidades, y en la medida en que los impuestos puedan permitir esto, es que pueden ser justificados. Sin embargo, uno no debería ver esto como un fin sino un medio para otorgar mayor libertad a los ciudadanos.

En conclusión, hay motivos más que suficientes para que el debate acerca de la desigualdad se mantenga. Especialmente en los países en desarrollo, este puede ser un factor que afecte de distintas maneras en el crecimiento a largo plazo de un país, y más importante, afectar el bienestar general de los ciudadanos. Si bien es cierto que reducir la pobreza es más importante, y que la innovación es la mejor vía, esto no debería reducir el impacto que tiene una gran desigualdad. Como se mencionó a lo largo del artículo, esto puede afectar el crecimiento, la educación, salud, las instituciones, y nuestro futuro. Finalmente, se puede inferir que la desigualdad es mala por las consecuencias que esta pueda tener cuando no existe igualdad de oportunidades, y por lo tanto, las soluciones deben enfocarse a este aspecto, y no a atacar la desigualdad en sí misma.




Bibliografía:


Alarco, G., & del Hierro, P. (2020). Mano invisible, desigualdad y libre mercado (Primera ed). Otra Mirada.


Dargent, E. (2021). El páramo reformista (Primera ed). Fondo Editorial PUCP.

Galor, O., & Zeira, J. (1993). Income Distribution and Macroeconomics. The Review of Economic Studies, 60(1), 35–52.


INEI. (2019). Encuesta Nacional de Hogares (ENAHO) 2019. http://iinei.inei.gob.pe/microdatos/


Lucas, R. E. (2004). The Industrial Revolution: Past and Future. Annual Report, 18(1), 5–20. https://www.minneapolisfed.org/article/2004/the-industrial-revolution-past-and-future


Stiglitz, J. E. (2016). El precio de la desigualdad (Primera ed). DEBOLSILLO.


The Economist. (2019). Rising inequality could explain tepid support for redistribution. https://www.economist.com/finance-and-economics/2019/04/04/rising-inequality-could-explain-tepid-support-for-redistribution

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