• María Fernanda Flores

La insuficiencia del PIB como indicador universal

"Castellanos (2022) afirma que el PIB es un indicador macroeconómico cuantitativo muy útil, pero como cualquier indicador, es solamente una visión parcial y limitada de la realidad."

Redactado por: Maria Fernanda Flores Sernaque

Editado por: Anel Ochoa

Publicado por: Gonzalo Alvis


En 1937, Simon Kuznets presentó el Producto Interno Bruto (PIB) como una herramienta de medición de la producción económica. Sin embargo, según Pilling (2019), por más brillante que haya sonado el concepto en su momento, una medida inventada cuando el mundo estaba luchando contra la Gran Depresión (1929), se está volviendo cada vez menos capaz de impartir señales de crecimiento en las economías modernas complejas.


¿Será que hay muchas cosas en la economía que no son buenas para la sociedad, pero sí para la economía? El PIB es el indicador por excelencia que ayuda a posicionar países a nivel económico y juzga su rendimiento anual: determina lo riesgoso que podría ser invertir o concederles préstamos. De esta forma, contiene el total de maquinaria producida, exportaciones y gasto público, pero también cuenta el petróleo consumido en el tráfico, entre otros. Por ello, en el siguiente artículo se abordarán las razones por las cuales el PIB no implica necesariamente crecimiento económico y bienestar.


En principio, el PIB se calcula mediante una fórmula básica: la suma del gasto público, el consumo privado, la inversión, las exportaciones y las importaciones; para la perspectiva de este producto, siempre es mejor más que menos. El problema radica en que, en la materialidad, esta regla no siempre se cumple. Por ejemplo, si existiera un terremoto y todos los edificios se reconstruyeran para finales de 2022, el PIB de este año crecería porque habría un mayor gasto en el sector construcción, pero, al final, no estaríamos mejor (en cuanto al bienestar social) que antes del terremoto.


En ese sentido, este determinante, de la forma como fue creado, solo mide la actividad económica, pero no captura las pérdidas económicas, la depreciación de nuestros activos, los deterioros sociales o la inestabilidad política por la que puede estar atravesando un país. Al respecto, Castellanos (2022) afirma que el PIB es un indicador macroeconómico cuantitativo muy útil, pero como cualquier indicador, es solamente una visión parcial y limitada de la realidad.


Por otro lado, si vemos un poco más de cerca, la degradación ambiental es una externalidad significativa que el PIB ha fallado en reflejar. Un país que produce mucho, según esta medida, es un país económicamente próspero y encabeza las listas de crecimiento. No obstante, ¿qué conlleva lograr altos niveles de producción? Hasta ahora no se ha encontrado un plan en el cual las empresas minimicen sus costos de producción, siendo estos eco amigables, y logren una gran calidad en el producto final por el cual generen ganancias significativas. Indudablemente, si existiese, los indicadores ambientales no reflejarían pronósticos nocivos a futuro.


Un claro ejemplo de esto sería India, ya que, según el PIB, sería una nación camino al crecimiento. Por el contrario, los reportes ambientales no promulgan la misma idea: “los inviernos de Delhi cada vez tienen más smog y los valles de Bengaluru son cada año más propensos a incendios forestales” (Kapoor y Debroy, 2019). Por ello, las economías modernas necesitan un mejor indicador que tome estas externalidades en cuenta para obtener un verdadero resultado de crecimiento: no podemos llamar crecimiento a algo que implica un daño que tiene un impacto social negativo en el mediano y largo plazo. Entonces, ¿de qué nos sirve crecer (económicamente) en el presente cuando no tenemos en cuenta el costo que nos generará en el futuro?


Otro punto es que el Producto Interno Bruto no refleja los incrementos en la calidad de un producto, solamente cuántos de estos se han producido. Asimismo, cuando avanza la tecnología, los productores tienen la posibilidad de ofrecer mejores productos a menores costos de producción, lo cual conlleva a que los consumidores puedan experimentar una mayor satisfacción al consumir diversos productos, pero esto no se ve plasmado en el indicador (“Shortcomings of GDP”, 2019).


En particular, imagine que compró un microondas en 2010. En ese año, el microondas que compró tenía que ajustarse manualmente. Entonces, había que girar una perilla que marque la temperatura a la cual debía calentar y otra que indique la cantidad de tiempo que iba a necesitar para que la comida calentara. Si usted comprara un microondas de la misma marca este año, encontraría un panorama totalmente distinto: una pantalla táctil y botones para calentar comida, descongelar, preparar popcorn, entre otras funciones. Esto hace que usar este aparato sea más sencillo para usted y no se preocupe por la configuración manual detallada. Sin embargo, esta mejora en la calidad no se refleja en el PIB.


Es más, en una economía moderna compleja, donde también existen bienes y servicios que se transan digitalmente, se hace más complicado analizar el valor del PIB. “Este es perfecto para medir objetos físicos, pero es inapropiado en la actualidad, ya que gran parte de lo que consumimos lo encontramos solo de manera digital y muchos de los bienes que más valoramos (desde el seguro médico hasta playas y parques limpios) no son en absoluto objetos físicos o producidos por el ser humano” (Pilling, 2019).


Además, existen varios indicadores que se están reinventando para poder acaparar de mejor manera el desarrollo económico, como el Human Development Index (HDI) que contempla salud y conocimiento aparte de prosperidad económica; o el Gross National Happiness, que considera factores como el crecimiento socio-económico y un buen sistema de gobierno que asegure el bienestar de la población.


Teniendo en cuenta lo expuesto, es necesario dejar de ver al PIB como el indicador por excelencia del crecimiento económico, pues no siempre es mejor producir más que menos. Se debe tener en cuenta el impacto ambiental de la producción y también los aportes que brinda la calidad de un producto al bienestar de la persona que lo consume. No obstante, es necesario tener indicadores que midan el progreso económico de un país, pero esos indicadores no deberían pasar por alto puntos tan importantes como el bienestar de la sociedad.


En efecto, la meta final debe ser tener una sociedad más equitativa y justa que ofrezca a sus habitantes calidad de vida. Con una economía del bienestar como base, el crecimiento económico será otra herramienta que guíe a la sociedad en la mejor dirección posible.



Referencias


Castellanos, E. (6 de enero de 2022). Todo lo que no mide el PBI. Semana Económica, Financieramente. https://semanaeconomica.com/blogs/economia-finanzas/todo-lo-que-no-mide-el-pbi


Shortcomings of GDP (2019). Corporate Finance Institute, Economics. https://corporatefinanceinstitute.com/resources/knowledge/economics/gross-domestic-product-limitations/


Kappor, A., & Debroy, B. (2019). GDP is not a measure of human well-being. Harvard Business Review, Economics. https://hbr.org/2019/10/gdp-is-not-a-measure-of-human-well-being


Pilling, D. (17 de enero de 2018). 5 ways GDP gets it totally wrong as a measure of our success. World Economic Forum, Economic Progress. https://www.weforum.org/agenda/2018/01/gdp-frog-matchbox-david-pilling-growth-delusion/


Pilling, D. (2 de febrero de 2019). El PIB y su grave error de cálculo. El País, Ideas. https://elpais.com/elpais/2019/02/01/ideas/1549019762_629559.html


The trouble with GDP (30 de abril de 2016). The Economist, Briefing. https://www.economist.com/briefing/2016/04/30/the-trouble-with-gdp

7 visualizaciones0 comentarios